Cuando el concepto de Industria 4.0 surgió en la feria de Hannover en el año 2011, era un concepto teórico y novedoso del que todo el mundo tomaba nota en su agenda. Hoy es una necesidad y un concepto clave para lograr un modelo productivo que promueve el ahorro y la eficiencia en el uso de recursos y energía. Ocho años después la tecnología actual tiene todo el potencial para conseguirlo, y el verdadero desafío está en abordar su implementación.

Según el estudio “Readiness for the Future of Production Report 2018” realizado por el World Economic Forum (WEF), España se sitúa con un coeficiente ligeramente superior a la media en el puesto 29, con un 6.0 sobre 10 en base industrial y en el puesto 24 con un 6.2 sobre 10 en potencial desarrollo. Aunque nuestra posición no es mala, la realidad es que el concepto de industria 4.0 es prácticamente desconocido en las pymes, y en las grandes empresas únicamente se habla de ello en mandos intermedios o puestos directivos relacionados con I+D+i. Por ello es necesario promover desde el gobierno verdaderas medidas de actuación para acercarnos a los puestos de cabeza, y no conformarnos con una posición de insípida intrascendencia, tal vez el tema mereciera haber ocupado un puesto destacable en los debates políticos televisados que recientemente hemos presenciado.

La sustitución de personas por máquinas tiene impacto en el mercado laboral, es cierto, pero no hay que tenerle miedo. Hay que admitir que actualmente, una persona manejando un tractor 8 horas, en la mayoría de los casos, aporta valor cero. Las personas han de formarse para incorporarse a la cadena productiva aportando valor, trabajando conjuntamente con las máquinas en un ámbito colaborativo. Bien entendido e implementado el concepto, repercute directamente en el aumento de productividad, en más ingresos, inversión y empleo. A nivel global se aumenta la competitividad, disminuyen los precios y nos permite no derivar producción a países con mano de obra más barata. A nivel personal, debemos trabajar menos y mejor, permitiéndonos disponer de más tiempo para otros quehaceres.

El concepto de industria 4.0 parece la panacea, pero sigue en desarrollo y tiene muchos quebraderos de cabeza por mejorar: romper la barrera entre los procesos de producción y los sistemas de gestión, conseguir mayor personalización del producto dentro de las cadenas de producción, definir y formar a los nuevos puestos de trabajo, o garantizar la seguridad en la transmisión y almacenaje de datos, entre otros.

Estamos viviendo la cuarta revolución industrial, y no es más aparatosa o relevante que las anteriores. Tenemos que adaptar nuestra cultura, mente y habilidades a esta transformación tecnológica y ayudar a los que más les cueste a que no se queden fuera del sistema. En una perspectiva a 10 años más de la mitad de los procesos estarán automatizados, esto conlleva ponerse al día para seguir siendo competitivo y más eficiente en el uso de los recursos disponibles. No debemos ver el cambio como una amenaza, sino como una oportunidad.